Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Caes en esa manÃa de los padres que, buscando una causa para las calaveradas de sus hijos, la hallan invariablemente en la influencia que ejerce sobre ellos algún sinvergüenza que conocen, y que la mayorÃa de las veces es completamente ajeno a todos esos hechos cuyo origen se le atribuye. ¡Siempre Du Camp! ¡Du Camp eternamente! En ti se está convirtiendo en una enfermedad crónica. Francamente, me tomas por un imbécil. ¿Crees que sólo obro con permiso suyo? Desengáñate. Primero, entérate de que cuando está aquà no lee en absoluto tus cartas —además, ya hace algún tiempo que no está—, y, en segundo lugar, que aún conservo un poco de mi libre arbitrio. En cuanto a la conducta que ha tenido para contigo, dejó de tratarte a raÃz de una carta en que le reprochabas el no haber querido recibirte a una hora en que tenÃa a una mujer en su casa. Cuando uno se dedica a sus asuntos, se dedica mal, ordinariamente, a los de los demás. Es lo que ha ocurrido. Si él no hubiera tenido por su lado una relación, quizás habrÃa sido más sociable y más paciente. Pero, en el fondo, consideraba que le dabas muchas ocupaciones. Si ha tenido otro motivo para romper contigo, no me lo ha dicho. Ahora bien, en cuanto a que él te haya perjudicado frente a mÃ, desengáñate: jamás me ha dado al respecto consejo ni opinión alguna. Al contrario, siempre me ha dicho que me querÃas mucho. Ésta es la verdad pura y simple. No hablemos más de ello, si te es indiferente.