Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Te dije que irÃa a ver tu drama. Iré. Si quieres mandármelo para que lo lea, envÃamelo a fines de este mes. Habré acabado con mi viaje, y podré estudiarlo con más calma.
Estás tan dispuesta a tomarlo todo a mal, que en esa expresión «vieja amiga», que en mi ánimo era afectuosa, ves una intención irónica, y me lo repites para hacérmelo sentir. Añades que me molestarÃa saber que tienes esa paz de espÃritu que te deseo. ¡Ah, qué mal me conoces! Apenas me conoces. Dicen que el primer amor es el más fuerte. Me acuerdo de él, aunque se trate de una historia muy antigua, de algo tan viejo que me parece que no fui yo quien lo tuve. Pues bien, en aquel entonces, si la mujer que amaba me hubiera ordenado recorrer treinta leguas para buscarle un hombre, habrÃa salido corriendo, y su felicidad me habrÃa hecho dichoso. Cierto es que jamás he sido celoso, y que siempre me han acusado de no tener alma. ¿Y tú crees que ahora, ahora, después de todas las lluvias que me han curtido el pellejo, te atormento por gusto, me doy tono y hago muecas? ¡Por Dios que no! Y aunque tuviera la intención, me faltarÃa valor. No soy ni casto ni fuerte, sino débil y maleable. ¡Ojalá, por el contrario, fuese insensible! No habrÃa tenido otra vez esta noche, durante media hora larga, velas que me bailaban ante los ojos y me impedÃan ver.