Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Cuando esté en marcha, disfrutaré; pero es difícil. He reanudado también un poco el griego y Shakespeare.
Olvidaba decirle que la institutriz devota llegó hace diez días. Su físico no me impresiona. Jamás estuve menos venéreo.
Adiós, un beso, pobre amada mía. Es bien grosero escribir una carta de cuatro pliegos para no hablar más que de uno mismo; en verdad, ya era mucho. Dos largos besos.
Hasta pronto.
[París, 31 de diciembre de 1851] Miércoles, a las dos.
No iré a verla esta tarde, y aún no sé si iré a casa de Du Camp. Ayer me cité con él, y falté a la cita. ¿Para qué llevar a casa de los amigos las fosas sépticas interiores cuya exhalación le asfixia a uno mismo? Voy a taponarlas, y no olerá usted nada más. Perdón, discúlpeme. Le juro por Dios que no volverá a tener que reprocharme semejantes inconveniencias. Seré simpático, amable, encantador y falso como para dar náuseas; pero seré correcto. Quiero convertirme en un hombre completamente «bien».