Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Los sentidos, un dÃa, te llevan a otra parte; el capricho se extiende a nuevos tornasoles. ¿Qué más da? Si te hubiese amado hace tiempo como tú querÃas entonces, ahora ya no te amarÃa tanto. Los afectos que rezuman gota a gota del corazón acaban por hacer estalactitas. Eso vale más que los grandes torrentes que lo arrastran. Ésa es la verdad, y me aferro a ella.
SÃ, te quiero, pobre Louise, querrÃa que tu vida fuese dulce en todos los aspectos, enarenada, bordeada de flores y de alegrÃas. Me gusta tu rostro hermoso, bueno y franco, la presión de tu mano, el contacto de tu piel bajo mis labios. Si soy duro contigo, piensa que es la repercusión de las tristezas, de los nerviosismos agrios y de las languideces mortales que me hostigan o me anegan. Siempre tengo en el fondo de mà mismo como el regusto de las melancolÃas medievales de mi región. Huele a niebla, a peste traÃda de Oriente, y cae de costado, con sus cincelados, sus vidrieras y sus aguilones de plomo, como las viejas casas de madera de Ruán. En esta perrera es donde vive, hermosa mÃa; hay muchas chinches, rasqúese.
Un beso más en tu boca rosa.
Tuyo.
[Croisset] Noche del sábado [al domingo], 1 de febrero de 1852.