Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Tienes poco sentido del humor, si te importan semejantes tonterías. Yo me río de todo, hasta de lo que más me agrada. No existen cosas, hechos, sentimientos o personas por los que no haya pasado inocentemente mi bufonería, como un rodillo de hierro de ésos para dar lustre a las piezas de paño. Es un buen método. Luego se ve lo que queda. El sentimiento que dejas a pleno viento, sin tutor ni alambre, desembarazado de todas esas conveniencias tan útiles para mantener tiesa la podredumbre, está triplemente arraigado en ti. ¿Acaso la propia parodia abuchea alguna vez? Es bueno, e incluso puede ser hermoso el reírse de la vida, con tal que se viva. Hay que colocarse por encima de todo, y por encima de uno colocar su espíritu, es decir, la libertad de la idea: declaro impío todo límite a ésta. Si no te satisface esta larga glosa pedantesca, te pido perdón por mi torpeza y te beso en ambos ojos, que quizás han llorado por mi culpa. Pobre corazón, ¿por qué alteras una cabeza tan buena? Y sin embargo, es ese vecino agobiante el que me ha recibido, me retiene y me admira.