Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet ¡Si supieras cuántas veces he sufrido al ver eso en ti, cuántas veces me ha herido la poetización de cosas que preferÃa en su estado natural! Cuando te vi llorar al escuchar las cartas de amor leÃdas por la señora R…, todos mis pudores enrojecieron. Ambos valÃamos más, y ahà estamos flacamente idealizados. ¿A quién le interesará? ¿A quién se parece ese hombre? ¿Por qué tomar la eterna figura insÃpida del poeta, que, cuanto más se parezca al tipo, más se acercará a una abstracción, es decir, a algo antiartÃstico, antiplástico, antihumano y por consiguiente antipoético, por mucho talento verbal que, por otra parte, se ponga en ello? PodrÃa escribirse un buen libro sobre la literatura probatoria; desde el momento en que se prueba, se miente. Dios sabe el comienzo y el fin; el hombre, el medio. El Arte, como Él en el espacio, debe permanecer suspenso en el infinito, completo en sà mismo, independiente de su productor. Y además, de esa otra forma, uno se prepara, en la vida y en el Arte, terribles desengaños. Querer calentarse los pies al sol es querer caer al suelo. Respetemos la lira; no está hecha para un hombre, sino para el hombre.