Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet [Croisset] Jueves [8 de abril de 1852].
No te he hecho observaciones particulares sobre el estilo de tu comedia, que encuentro vulgar. Ya sé que no es fácil describir apropiadamente las banalidades de la vida, y las histerias de hastío que en este momento sufro no tienen otra causa. Incluso hago un gran esfuerzo al escribirte. Estoy roto y aniquilado de cabeza y de cuerpo, como después de una gran orgía. Ayer me pasé cinco horas en mi diván, en una especie de torpor imbécil, sin tener el valor de hacer un gesto, ni el ingenio de tener una idea. No importa, sigamos.
Encuentro, pues, que tu estilo es en general blando, flojo y compuesto de frases hechas. Es una pasta que no ha sido suficientemente trabajada. La expresión no está condensada, lo que, en el teatro, sobre todo, hace que la idea parezca lenta, y causa aburrimiento. Para empezar, todo el primer acto es una exposición. La acción sucede en el segundo, y ya en la primera escena del tercero se adivina el desenlace. La última escena del segundo acto está llena de movimiento. Si todo fuese así, sería soberbio. La primera escena (monólogo de la doncella) es de todo el mundo. ¿Quién no conoce ese plumero, ese espejo en que se mira?
La segunda, con el mozo de restaurante, es bastante graciosa en sí misma. Pero ¡qué abuso de eso! Y la broma del chantaje es de un gusto mediocre.