Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet La contemplación de ciertas dichas asquea de la dicha misma: ¡qué orgullo! Es sobre todo cuando uno es joven cuando la visión de las felicidades vulgares da náuseas de la vida: uno prefiere reventar de hambre que atiborrarse de pan negro. Muchas virtudes no tienen otro origen. Veo en tu carta que el tío d'Arpentigny lanza sobre tu lecho una mirada de agrimensor geómetra, estimando a olfato cuántas hectáreas de placer contendría. ¿Me había equivocado? ¡Vaya, vaya! Y el pequeño Simón, al que acusaba yo hace cuatro meses de aspirar a la teta, como la nariz del tío Aubry a la tumba, ¿me había equivocado? ¡Menudo moralista soy!
[…] Mil besos en tus ojos. Tuyo.