Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Una vez me encontraba con varios tipos (bastante viejos) en un lugar infame. Desde luego, todos eran más feos que yo, y aquel al que mejor cara pusieron las damas era francamente horroroso (¡explÃcamelo, oh Aristóteles!). Y aquà no se trata de dones del alma, poesÃa del lenguaje o fuerza de las ideas, sino del cuerpo, de lo que es observable a la vista y al olfato de los sentidos. Interroga a cualquier ex-guapo, y pregúntale si, mientras estaba acostado con una mujer, ha encontrado alguna vez una que se extasiara ante las lÃneas de su brazo o los músculos de su pecho. ¡Qué abismo es todo eso! ¿Y qué importa el vaso? Lo hermoso es la embriaguez (en Meltenis hay un hermoso verso al respecto). Lo importante es tenerla.
¡Que se divierta con su guapo Enault, esa pobrecita tÃa Roger, que goce, que goce por triplicado, y le haga salir al tÃo Roger unos cuernos altos como cedros, tanto mejor!