Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet La historia de la señora Roger me ha alegrado profundamente (el desdichado aún no sabe nada; está en Cany, en el seno de sus lares. Hace mucho que no le he visto; el domingo le obsequiaré con la cosa). Me dices que, si fueras hombre, te indignaría ver que una mujer prefiere a una mediocridad antes que a ti. ¡Oh, mujer, poetisa, qué poco conoces el corazón de los varones! Sin cumplir los dieciocho, uno ha sufrido ya en esta cuestión tantos hundimientos, que se ha vuelto insensible. Uno trata a las mujeres como tratamos al público, con mucha deferencia exterior y un soberano desprecio por dentro. El amor humillado se vuelve orgullo libertino. Creo que el éxito con las mujeres es en general signo de mediocridad, y sin embargo es el que todos envidiamos, y el que corona a los demás. Pero no queremos aceptarlo, y como consideramos muy por debajo de nosotros a quienes son objeto de su preferencia, llegamos a la conclusión de que son estúpidas, lo que no es así. Juzgamos desde nuestro punto de vista, y ellas desde el suyo. La belleza no es para la mujer lo que es para el hombre. Jamás nos entenderemos sobre eso, ni sobre la inteligencia, ni sobre el sentimiento, etc.