Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Mis viajes a ParÃs, que ya sólo te tienen a ti como atractivo, son en mi vida como oasis a donde voy a beber y a sacudir sobre tus rodillas el polvo de mi trabajo. En mi pensamiento, brillan en la lejanÃa, bañados en una luz alegre. Si no los renuevo con más frecuencia es por pereza y porque me alteran demasiado. Pero ten paciencia; más adelante me tendrás durante más tiempo.
Dentro de un año o dieciocho meses tomaré un alojamiento en ParÃs. Iré más a menudo, y pasaré cada año varios meses seguidos. Por ahora iré cuando haya acabado la primera parte, no sé cuándo, no antes de un mes largo; estaré ocho dÃas. Seremos felices, ya verás. Y además, ¿cómo no iba yo a quererte, pobre cariño mÃo? ¡Si tú me quieres tanto! ¡Tu amor es tan bueno, tan ciego! Me dices cosas tan halagadoras, y que, sin embargo, no son para halagarme. Si la verdad habla por ti, si más adelante los demás reconocen lo que encuentras en mÃ, recordaré tus predicciones con orgullo. Si, al contrario, permanezco en la sombra, habrás sido un gran rayo de luz en este calabozo, un himno en esta soledad.
Aunque esté lejos de ti, sigo tu vida; la adivino, la veo, y percibo a menudo, dentro de mi oÃdo, el ruido de tus pasos en tu tarima.