Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Su corazón es un piano en que el hombre, artista egoísta, disfruta tocando piezas que lo hacen brillar, y todas las teclas hablan. Con relación al amor, en efecto, la mujer no tiene trastienda: no guarda nada aparte para ella, como nosotros, que, en todas nuestras generosidades de sentimiento, reservamos no obstante siempre in petto un pequeño peculio para nuestro uso exclusivo.
Basta de reflexiones morales. Charlemos un poco de nosotros dos. Y primero, de tu salud. ¿Qué es lo que te ocurre?
¡Ojalá lo que dice Pradier sobre mi calvicie fuera cierto! (Volverían a brotar.) Pero creo que no tiene la ventaja de haber tenido una causa tan pícara; no es que quiera hacerme pasar por un invicto, como diría Corneille. He tenido mis lagos de Trasimeno. Pero sólo yo puedo decirlo, hasta tal punto se ha restablecido la República. Desde hace tres semanas, sobre todo, mis cabellos caen como si fuesen convicciones políticas. No sé si el agua de Taburel los hacía aguantar. Puedes mandarme otras dos botellas, para probar.
En el paquete, pon la Bretaña, si quieres; o quédatela, me da igual.
Que te diga cosas tiernas, me pides. No te las digo, pero las pienso. Cada vez que tu pensamiento me viene al magín, va acompañado de dulzura.