Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet La carta de la tía Hugo es muy simpática. Te la devuelvo. Me ha causado una impresión muy profunda, y también a Bouilhet. Conocemos aquí a un joven que alimenta hacia ella un amor místico, desde la exposición de su retrato por Boulanger, hace una docena de años por lo menos. ¿Cómo va a sospecharlo siquiera, esa mujer que vive en París, a la que él jamás ha visto y que nunca le ha visto a él? Cada cosa es un infinito; el menor guijarro detiene el pensamiento, igual que la idea de Dios. Entre dos corazones que laten uno por otro hay abismos; entre ellos está el vacío, toda la vida y lo demás. Por mucho que haga el alma, no rompe su soledad, sino que camina con él. Uno se siente hormiga en un desierto, perdido, perdido. ¿Y todo esto a propósito de qué? ¡Ah!, a propósito del retrato de la señora Hugo. Es muy curioso, ¿verdad? Estuve una vez en su casa, en 1845, al regresar de Besancon, donde la madrina de Hugo me había enseñado la habitación en que él nació. Esta anciana me había encargado que llevara noticias suyas a la familia Hugo. La señora me recibió mediocremente. Llegó el gran Hippolyte Lucas y me retiré a los seis minutos de haberme sentado.