Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Bouilhet va a empezar su drama. En octubre irá a vivir a ParÃs. Cuando se haya marchado, estaré solo; ahà comenzará mi vejez. Todo lo que conozco de la capital no me da ganas de vivir en ella. ParÃs me aburre; allá, para mÃ, se charla demasiado. El intento de instalación que haré, los pocos meses que pasaré allà durante dos o tres inviernos, me apartarán quizá de ParÃs para siempre. Volveré a mi agujero y moriré sin salir de él, yo que tanto me habré paseado con la idea. ¡Ah, cómo querrÃa ir a la India y al Japón! Cuando me llegue la posibilidad, a lo mejor no tendré ni dinero ni salud. Además, fÃsicamente me enrosco cada vez más. La visión de mi leña ardiendo me regocija tanto como un paisaje. Siempre he vivido sin distracciones; necesitarÃa algunas grandes. Nacà con un montón de vicios que jamás han asomado la nariz por la ventana. Me gusta el vino; no bebo. Soy jugador, y jamás he tocado una carta. Me gusta el placer, y vivo como un monje. En el fondo soy mÃstico, y no creo en nada.
Pero te quiero, pobre corazón mÃo, y te abrazo… ¡raras veces! Si te viera todos los dÃas, quizá te querrÃa menos; pero no, aún hay para mucho tiempo. Vives en la trastienda de mi corazón, y sales los domingos. Adiós, mil besos en tu pecho.
Tuyo.