Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Y Tancredo, ¡que es un tipo inimitable de poesía caballeresca). Finalmente, para la conclusión, el buen ejemplo de la gente que muere santamente escoltada por hermanas de la caridad, a las que ya hemos visto anteriormente en compañía de la idea cristiana glorificada.
Hay para todos los gustos, salvo para el mío.
En cuanto a la respuesta de Nisard, degrada aún más al señor de Musset. De Frank, de Rolla, de Bernerette, ni palabra. ¡Y allá estaba él!, se lo tragaba todo, escuchaba la teoría de que el amor de Boileau es una cualidad social. Oía decir que sus versos no se tenían de pie, y que las madres de familia se dignaban aprobarlo, una vez acostados los niños. Tragar todas esas groserías en público con un traje verde a la espalda, una espada al costado y un tricornio en la mano, eso se llama recibir honores. ¡Y sin embargo, tal es la meta de la ambición de las gentes de letras! Se aguarda ese día durante años; luego, uno ya está colocado, consagrado. ¡Ah!, es que le ven a uno, hay coches en la plaza, y tampoco faltan hermosas damas que le hacen cumplidos después de la ceremonia. Incluso, durante dos horas, el público le gratifica a uno con esa atención ingenua que demuestra alternativamente a Pulgarcito, a los Osages, al planeta Le Verrier, a las ascensiones de Poittevin, y a los primeros convoyes del ferrocarril de Versalles (margen derecha). Además, al día siguiente uno figura en todos los periódicos, entre la política y los anuncios.