Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Ciertamente, es bonito ocupar un sitio en las almas de la multitud, pero está uno allí las tres cuartas partes del tiempo en tan pobre compañía, que es como para asquear la delicadeza de un hombre bien nacido.
Admitamos que, si ninguna cosa bella ha permanecido ignorada, no hay torpeza que no haya sido aplaudida, ni tonto que no haya pasado por ser un gran hombre, ni gran hombre al que no hayan comparado con un cretino. La posteridad cambia a veces de opinión (pero la mancha queda en la frente de esta humanidad que tiene tan nobles instintos), ¡y aún! ¿Acaso reconocerá Francia alguna vez que Ronsard vale tanto como Racine? Así que hay que hacer arte para uno mismo, para uno solo, igual que se toca el violín.