Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Musset perdurará por esos aspectos de los que reniega. Ha tenido hermosos estallidos, hermosos gritos, y eso es todo. Pero en él el parisino estorba al poeta; el dandismo corrompe la elegancia; sus rodillas están rÃgidas debido a sus trabillas. Le ha faltado fuerza para convertirse en un maestro; no ha creÃdo ni en sà mismo ni en su arte, sino en sus pasiones. Ha celebrado con énfasis el corazón, el sentimiento, el amor con toda clase de H, rebajando bellezas más elevadas: «sólo el corazón es poeta», etc. Este tipo de cosas halagan a las damas; son máximas cómodas que hacen que tanta gente se crea poeta sin haber compuesto ni un solo verso. Esta glorificación de la mediocridad me indigna. Es negar todo arte y toda belleza; es insultar a la aristocracia de Dios.
La Academia Francesa subsistirá aún mucho tiempo, aunque quede muy atrasada de todo el resto. Saca sus fuerzas de la furia que tienen los franceses por las distinciones. Todos esperan pertenecer a ella más adelante; soy la excepción. El dÃa en que concedió el primer premio Montyon, confesó que la vida literaria se habÃa retirado de ella. Como ya no tenÃa nada que hacer, y al sentir que se le escapaban los asuntos de su competencia, se ha refugiado en la virtud, como se refugian las viejas en la devoción.