Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Algo más, con relación a mi madre. Sin duda alguna te habrÃa recibido lo mejor posible, si os hubieseis conocido de un modo u otro. Pero en cuanto a sentirse halagada (y no tomes esto como una brutalidad gratuita), debes saber que la buena mujer no se siente halagada por nada. Es muy difÃcil halagarla; tiene en toda su persona un algo imperturbable, glacial e ingenuo que te desconcierta. Prescinde de principios con más facilidad aún que de expansiones. Siendo virtuosa en toda su constitución, declara impudentemente que no sabe lo que es la virtud, y que jamás le ha sacrificado nada.
Me decÃa esta tarde que me avinagro. Quizá, en efecto, derivo hacia la solterona. Tanto peor; la figura del Misántropo es una de las más tontas que pueden ofrecerse. SÃ, me hago viejo, no soy del siglo, me siento extranjero en medio de mis compatriotas, como si estuviese en Nubia, y empiezo a admirar en serio al prÃncipe-presidente, que aplasta bajo la suela de sus botas a esta noble Francia. Incluso irÃa a besarle el trasero, para agradecérselo personalmente, si no hubiese tal multitud ocupando el sitio. […]
[Croisset] Sábado [12 de junio de 1852].