Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Las lágrimas que encuentro en tus cartas, esas lágrimas causadas por mÃ, querrÃa rescatarlas con otros tantos vasos de sangre. Me detesto; asà aumenta mi repugnancia hacia mà mismo. De no ser por la idea de que te agrado, yo mismo me producirÃa horror. Por lo demás, siempre es asÃ: uno hace sufrir a los que quiere, o ellos le hacen sufrir. ¿Cómo es posible que me reproches la frase «quisiera no haberte conocido nunca»? No conozco otra más tierna. ¿Quieres que diga la que yo pondrÃa en paralelo? Es una que pronuncié la vÃspera de la muerte de mi hermana, que brotó como un grito e indignó a todo el mundo. Hablaban de mi madre, diciendo: «¡Si pudiera morirse!». Y, ante las protestas, dije: «Si quisiera arrojarse por la ventana, se la abrirÃa de inmediato». Por lo visto, todo esto no está de moda, y parece risible o cruel. ¿Qué diablos puede decirse, cuando el corazón revienta de tan colmado? Pregúntate si hay muchos hombres que te hubieran escrito esa carta que tanto daño te ha hecho. Creo que pocos habrÃan tenido ese valor y esa negación gratuita de sà mismos. Esa carta, amor, tienes que romperla, no pensar más en ella, o releerla de vez en vez, cuando te sientas fuerte.