Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet No me agradeces mi franqueza (las mujeres quieren que se las engañe; te fuerzan a hacerlo, y si te resistes, te acusan). Me dices que al comienzo no me había mostrado así; al contrario, evoca tus recuerdos. Empecé mostrando mis heridas. Acuérdate de todo lo que te dije en nuestra primera cena; incluso exclamaste: «¡Conque lo disculpa usted todo! Para usted ya no hay ni bien ni mal». No, jamás te he mentido; te amé por instinto, y no quise agradarte premeditadamente. Todo esto ha ocurrido porque tenía que ocurrir. Búrlate de mi fatalismo, añade que soy un turco atrasado. El fatalismo es la Providencia del mal; es la que se ve, y creo en ella.