Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Tú, al menos, me cuentas algo en tus cartas. Pero ¿qué puedo decirte yo, qué contarte de las eternas preocupaciones de mi ego que deben de acabar por volverse cargantes? Pero es que no sé más que eso. Cuando te he dicho que trabajo y que te quiero, lo he dicho todo.
Adiós, pues, querida, amada Louise, te beso tiernamente.
Tuyo, tuyo.
La rosa Enault es algo gigantesco. ¡Al menos, eso es comicidad!
[Croisset] Medianoche del domingo [27-28 de junio de 1852].
[…] Aún estoy bajo la impresión de la visita de Musset, y siento curiosidad por ver el final de la historia. ¡No se puede ser más patán de lo que él ha sido! Es a la vez caduco e innoble. ¡Y estos tipos pretenden tener buenos modales y caballerosidad!
Te encarezco a que no te adelantes a recordarle su promesa. Resérvate el derecho de despreciarle radicalmente.