Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Musset nunca ha separado la poesía de las sensaciones que ésta completa. La música, según él, se hizo para las serenatas, la pintura para el retrato y la poesía para los consuelos del corazón. Cuando uno quiere meterse el sol en los pantalones, se quema los pantalones y se mea en el sol. Es lo que le ha ocurrido. Los nervios, el magnetismo, ahí está la poesía. No, tiene una base más serena. Si bastara con tener los nervios sensibles para ser poeta, yo valdría más que Shakespeare y que Homero, a quien me imagino como un hombre poco nervioso. Esta confusión es impía. Puedo decir algo al respecto, yo que he oído, a través de puertas cerradas, hablar a gente en voz baja a treinta pasos de mí; yo, cuyas vísceras se veían brincar a través de la piel del vientre y que he sentido a veces, en el lapso de un segundo, un millón de pensamientos, de imágenes, de combinaciones de toda clase que arrojaban a la vez en mi cerebro como todos los cohetes encendidos de unos fuegos artificiales. Pero son excelentes temas de conversación, y que conmueven. La poesía no es una debilidad del espíritu, y esas susceptibilidades nerviosas sí lo son. Esta facultad de sentir desmesuradamente es una debilidad. Me explico.