Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Sin embargo, eso es lo que llaman progreso, y donde confluye la sociedad moderna. Me deja fÃsicamente enfermo. ¡El hastÃo que me entra por los ojos me rompe, desde el punto de vista nervioso, y además, sufrir durante mucho tiempo el espectáculo de la multitud me hunde siempre en ciénagas de tristeza, donde me asfixio!
Definitivamente, no soy sociable. La vista de mis semejantes me pone lánguido. Es muy exacto y literal.
¡Qué dÃas tan buenos pasé el jueves y el viernes! El jueves por la noche, a las dos, me acosté tan animado con mi trabajo que a las tres me levanté de nuevo y trabajé hasta el mediodÃa. Por la noche me acosté a la una, y de puro razonable. TenÃa una furia de estilo en el vientre como para hacerme funcionar asà el doble de tiempo. El viernes por la mañana, al amanecer, fui a dar una vuelta por el jardÃn. HabÃa llovido, empezaban a cantar los pájaros y grandes nubes de color pizarra corrÃan por el cielo. Gocé entonces de unos instantes de fuerza y serenidad inmensas, de ésos que se recuerdan y que te permiten pasar por encima de muchas miserias. Aún siento el regusto de esas treinta y seis horas olÃmpicas, que me dejaron alegre, como por algo feliz.
La primera parte está más o menos hecha. Experimento una gran sensación de alivio. Nunca he escrito algo con tanto cuidado como estas veinte últimas páginas.