Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Pero esto es largo… ¡largo! A veces mis brazos cansados se dejan caer. ¿Cuándo descansaré, siquiera unos meses? ¿Cuándo disfrutaremos uno del otro, a placer, en libertad? Ahí está de nuevo un año largo ante nosotros, y el invierno, tú con los ómnibus en las calles embarradas, las narices coloradas, los abrigos y el viento colándose bajo las puertas; yo con los árboles pelados, el Sena blanco, y seis veces al día, el barco de vapor que pasa.
Paciencia, trabajemos. Ya pasará el verano. Después del verano estaré casi en el final, y después iré a plantar mi tienda cerca de ti, en otro desierto, pero donde estés tú.
Me has colocado al final de tus Fantasmas. ¡También yo los tengo, sin llegar a ti, y más numerosos! Fantasmas poseídos, fantasmas deseados sobre todo, ahora sombras idénticas. He tenido amores de todo pelo, que olisqueaban en mi corazón como yeguas en los prados. He tenido otros enroscados sobre sí mismos, helados y largos como serpientes que digieren. He tenido más concupiscencias que cabellos perdidos. Pues bien, envejecemos, hermosa mía; seamos nuestro último fantasma, nuestra última mentira; ¡bendita sea, puesto que es dulce! Que dure mucho tiempo, puesto que es fuerte.
Adiós, te abrazo entera.