Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Las tres XXX en tu carta, al cabo del nombre de David, me dan qué pensar. ¿Se parecerá al rey músico de la Biblia, de quien siempre he sospechado que tenÃa por Jonatán un amor ilÃcito? ¿Es lo que quisiste decir? Un hombre tan serio, por lo demás, debe ser calumniado. Si es casto, se le considera pederasta; es la regla. También yo tuve esa fama, en su dÃa. También tuve la de impotente. Y Dios sabe que yo no era ni una ni otra cosa. […]
Estuve muy triste, los primeros dÃas de mi regreso. Ahora estoy en forma; no hago más que empezar, pero al fin gira la rueda.
Hablas de las miserias de la mujer; estoy en ese ambiente. Verás que he tenido que bajar muy hondo en el pozo sentimental. Si mi libro es bueno, hará suaves cosquillas en muchas heridas femeninas; más de una sonreirá al reconocerse en él.
Habré conocido vuestros dolores, pobres almas oscuras, húmedas de melancolÃa encerrada, como vuestros traspatios de provincias, con los muros cubiertos de musgo.