Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Vuelves a hablarme, pobre Louise querida, de gloria, de porvenir, de aclamaciones. Ese viejo sueño ya no me posee, porque me ha poseído demasiado. En esto, no tengo falsa modestia; no, no creo en nada. Dudo de todo, ¿y qué importa? Estoy muy resignado a trabajar toda mi vida como un negro, sin esperanza de recompensa alguna. Es una úlcera que me rasco, eso es todo. Tengo más libros en la cabeza de los que tendré tiempo de escribir de aquí a mi muerte, sobre todo al ritmo que voy. No me faltará ocupación (es lo importante). ¡Con tal que la Providencia me deje siempre fuego y aceite! En el siglo pasado, algunas gentes de letras, indignadas de las exacciones de que las gentes de teatro les hacían víctimas, quisieron poner remedio. Predicaron a Pirón que atara el cascabel. «Pues, en fin, no es usted rico, mi pobre Pirón», dijo Voltaire. «Es posible», contestó, «pero me importa un higo, como si lo fuera». Hermosa frase, y que hay que seguir en muchas cosas de este mundo, si uno no está decidido a saltarse la tapa de los sesos. Y además, aun admitida la hipótesis misma del éxito, ¿qué seguridad puede sacarse de ella? A menos de ser un cretino, uno se muere siempre con la incertidumbre de su propio valor y del de sus obras. El propio Virgilio, al morir, quería que se quemase la Eneida. A lo mejor habría obrado bien para su gloria. Cuando uno se compara con lo que le rodea, se admira; pero cuando alza los ojos más arriba, hacia los maestros, hacia lo absoluto, hacia el sueño, ¡cómo se desprecia uno! Estos días pasados he leído algo hermoso, a saber, la vida del cocinero Carême. No sé por qué transición de ideas había llegado yo a pensar en ese ilustre inventor de salsas, y tomé su nombre en la Biografía Universal. Como vida de artista entusiasta, es magnífica; daría envidia a más de un poeta. Algunas frases suyas: cuando le decían que cuidara su salud y trabajara menos, respondía: «El carbón nos mata; pero ¿qué importa? Menos días y más gloria». Y en uno de sus libros, donde confiesa ser goloso: «… pero sentía tan a fondo mi vocación, que no me detuve a comer». Ese detuve a comer es enorme en un hombre de cuyo arte se trataba. […]