Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet ¿Por qué deseabas esta unión? No, tú no necesitas, para gustar, someterte a la condición de la mujer, y te amo, al contrario, porque eres muy poco mujer, porque no tienes ni sus hipocresías mundanas ni su debilidad de espíritu. ¿No sientes que hay entre nosotros dos una unión superior a la de la carne e independiente, incluso, de la ternura amorosa? No me estropees nada de lo que hay. Uno siempre es castigado por salirse del propio camino. Permanezcamos, pues, en nuestro sendero aparte, nuestro, para nosotros. Cuanto menos se amoldan al mundo los sentimientos, menos tienen su fragilidad. El tiempo no le hará nada a mi amor, porque no es un amor como un amor debe serlo, e incluso voy a decirte algo que te va a parecer extraño. No me parece que seas mi amante. Nunca me viene a la cabeza esa denominación banal cuando pienso en ti. En mí te encuentras en un lugar especial, que no ha sido ocupado por nadie. Estando tú ausente, permanecería vacío, y sin embargo mi carne ama a la tuya, y cuando me miro desnudo, me parece incluso que cada poro de mi piel bosteza por la tuya, y ¡con qué deleite te beso!
No me apetece charlar de literatura; no hago sino reponerme de mi larga inquietud, y mi corazón se dilata. Respiro, hace buen tiempo, brilla el sol sobre el río y ahora pasa un brick con todas las velas desplegadas; mi ventana está abierta, y brilla mi corazón.