Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet […] TardĂ© cinco dĂas en escribir una página la semana pasada, y para eso lo habĂa dejado todo: griego, inglĂ©s…; no hacĂa más que eso. Lo que me atormenta en mi libro es el elemento entretenido, que resulta mediocre. Faltan hechos. Yo sostengo que las ideas son hechos. Es más difĂcil interesar con ellas, ya sĂ©, pero entonces la culpa es del estilo. AsĂ, ahora tengo cincuenta páginas seguidas en que no hay ni un acontecimiento: es el panorama continuo de una vida burguesa y de un amor inactivo, amor tanto más difĂcil de describir cuanto que es a la vez Ăntimo y profundo; pero, ay, sin desmelenamientos internos, pues mi caballero es de naturaleza tibia. Ya he tenido algo análogo en la primera parte. Mi marido ama a su mujer de manera parecida a como lo hace mi amante. Son dos mediocridades en el mismo ambiente, y que no obstante es preciso diferenciar. Si sale bien, creo que resultará excelente, pues es pintar color sobre color, sin ningĂşn tono contrastado (cosa que es más fácil). Pero temo que todas estas sutilezas aburran, y que el lector prefiera ver más movimiento. En fin, hay que hacer las cosas como se han planeado. Si quisiera poner acciĂłn, obrarĂa en virtud de un sistema, y lo estropearĂa todo. Hay que cantar con el propio registro de voz; y la mĂa nunca será dramática ni atractiva. Estoy convencido, por lo demás, que todo es cuestiĂłn de estilo, o más bien de carácter, de aspecto.