Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Vuelvo a Ruchuck. Somos nosotros quienes pensamos en ella, pero ella apenas piensa en nosotros. Hacemos estética a su cuenta, mientras que ese famoso viajero tan interesante, que recibió los honores de su lecho, ha desaparecido totalmente de su recuerdo, como muchos otros. ¡Ay! El viajar vuelve modesto; se ve qué lugar tan pequeño ocupamos en el mundo.
Una ligera consideración más sobre las mujeres, antes de charlar de otra cosa (a propósito de las mujeres orientales). La mujer es un producto del hombre. Dios creó a la hembra, y el hombre hizo a la mujer; es el resultado de la civilización, una obra ficticia. En los países en que toda cultura intelectual es nula, ella no existe (pues es una obra de arte, en el sentido humanitario; ¿será por eso por lo que todas las grandes ideas generales han sido simbolizadas en femenino?). ¡Qué mujeres eran las cortesanas griegas! Pero ¡qué arte era el arte griego! ¿Qué debía ser una criatura educada para contribuir a los placeres completos de un Platón o de un Fidias?