Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Hay una frase de La Bruyère a la que me atengo: «Un buen autor cree escribir razonablemente». Eso es lo que pido, escribir razonablemente, y ya es mucha ambición. Sin embargo, hay una cosa triste, y es ver cómo los grandes hombres alcanzan fácilmente el efecto al margen del Arte mismo. ¿Hay algo peor construido que muchos fragmentos de Rabelais, Cervantes, Molière y Victor Hugo? Pero ¡qué súbitos puñetazos! ¡Qué potencia, por decirlo brevemente! Nosotros tenemos que apilar una sobre otra un montón de piedrecitas para hacer nuestras pirámides, que no llegan a la centésima parte de las suyas, que son de un solo bloque. Pero querer imitar los procedimientos de esos genios sería perderse. Son grandes, al contrario, porque no tienen procedimientos. Hugo tiene muchos, y eso es lo que le disminuye. No es variado, está constituido más en altura que en extensión. […]
Me hablas de los murciélagos de Egipto, que, a través de sus alas grises, dejan ver el azul del cielo. Hagamos, pues, como hacía yo; a través de los horrores de la existencia, contemplemos siempre el gran azul de la poesía, que está por encima y permanece en su sitio, mientras todo cambia y todo pasa. […]
[Croisset] Jueves, cuatro y media [31 de marzo de 1853].