Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Llego de Ruán, a donde habÃa ido para que me arrancaran una muela (que no se ha sacado). Mi dentista me ha aconsejado esperar. No obstante, creo que de aquà a pocos dÃas tendré que desprenderme de uno de mis piños. Envejezco, las muelas se van, y los cabellos pronto se habrán ido. ¡En fin!, con tal que quede el cerebro, es lo principal. ¡Cómo nos invade la nada! Apenas nacidos, la corrupción empieza en nosotros, de modo que toda la vida no es más que un largo combate que ella nos libra, y cada vez más victorioso para ella hasta la conclusión, la muerte. Ahà la corrupción reina en exclusiva. No tuve más que dos o tres años en que estuve entero (de los diecisiete a los diecinueve años, más o menos). Era espléndido, ahora puedo decirlo, y lo bastante como para atraer las miradas de un teatro entero, como me ocurrió en Ruán en el estreno de Ruy Blas. Pero desde entonces me he deteriorado furiosamente. Hay mañanas en que me doy miedo a mà mismo, tantas son mis arrugas y tan gastado mi aspecto. Ay, pobre Musa, en aquella época es cuando tenÃas que haber venido. Pero semejante amor me habrÃa vuelto loco; más aún, imbécil de orgullo. Incluso si conservo de mà un foco cálido, es porque he tenido cerradas durante mucho tiempo mis bocas de calor. Todo lo que no he utilizado puede servir. Me queda bastante corazón para alimentar todas mis obras. No, no lamento nada de mi juventud. ¡Me aburrÃa atrozmente! ¡Soñaba con el suicidio! Me devoraba con toda clase de melancolÃas posibles. Mi enfermedad nerviosa me hizo bien; trasladó todo eso al elemento fÃsico y me dejó la cabeza más frÃa, además de hacerme conocer fenómenos psicológicos curiosos de los que nadie tiene idea, o más bien que nadie ha sentido. Algún dÃa me vengaré de ella utilizándola en un libro (esa novela metafÃsica y de apariciones de la que te he hablado). Pero como es un tema que me da miedo, sanitariamente hablando, hay que esperar a que me encuentre lejos de esas impresiones para poder dármelas ficticiamente, idealmente, y asà sin peligro alguno para mà y para la obra.