Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Ésta es mi opinión sobre tu idea de una revista: todas las revistas del mundo han tenido la intención de ser virtuosas, ninguna lo ha sido. La propia Revue de Paris (en proyecto) tenía las ideas que expones y estaba muy decidida a seguirlas. Uno se promete ser casto, se es un día, dos, y luego…, y luego…, ¡la naturaleza! ¡Las consideraciones secundarias! ¡Los amigos! ¡Los enemigos! ¿Acaso no hay que dar jabón a unos, aplastar a los otros? Incluso admito que durante algún tiempo se respete el programa, pero entonces el público se aburre, las suscripciones no llegan. Luego te dan consejos al margen de tu camino, se sigue para probar y se continúa por hábito. Finalmente, no hay nada tan pernicioso como poder decirlo todo y tener un vertedero cómodo. Uno se vuelve muy indulgente para consigo mismo, y los amigos, con el fin de que lo seas para ellos, lo son para ti. Y así se hunde uno en el agujero, con la mayor ingenuidad del mundo. Una revista modelo sería una hermosa obra y no exigiría menos que todo el tiempo de un hombre genial. El puesto de director de una revista debería ser el de un patriarca, tendría que ser un dictador, con gran autoridad moral adquirida mediante sus obras. Pero la comunidad no es posible, porque se cae en seguida en el estropicio. Se charla mucho, se gasta todo el talento en hacer rebotes sobre el río con calderilla, mientras que con más economía se habrían podido comprar más tarde hermosas granjas y buenos castillos.