Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Lo que me dices lo decÃa Du Camp; ve lo que han hecho. No nos creamos más fuertes que ellos, pues han fracasado, como fracasarÃamos, por inercia, y en virtud del propio declive de la cosa. En fin, un periódico es una tienda. Desde el momento en que es una tienda, el libro puede más que los libros, y la cuestión de clientela acaba tarde o temprano por dominar todas las demás. Ya sé que no se puede publicar en ninguna parte, a estas alturas, y que todas las revistas existentes son putas infames que se hacen las coquetas. Llenas de sÃfilis hasta la médula, refunfuñan a abrirse de muslos ante las sanas creaciones, acuciadas por la necesidad. Pues bien, hay que hacer lo que tú haces, publicar en forma de libro, es más valiente, y estar solo. ¿Qué necesidad hay de engancharse a la misma lanza que los demás y entrar en una compañÃa de diligencias cuando se puede seguir siendo caballo de tÃlburi? Por lo que a mà respecta, me pondré muy contento si esa idea se realiza. Pero en cuanto a formar parte efectivamente de cualquier cosa en este bajo mundo, ¡no, no y mil veces no! No quiero ser miembro de una revista, un cÃrculo o una academia, como no quiero ser concejal u oficial de la guardia nacional. Además, habrÃa que juzgar, ser crÃtico; y eso me parece innoble en sÃ, una tarea que hay que dejar a los que no tienen otra. Por lo demás, mira, serÃa un buen negocio y deseo que salga bien. Por supuesto que yo podrÃa beneficiarme con ello y no es el aspecto personal lo que me hace hablar, sino más bien el lado estético e instintivo, moral.