Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Lamartine se muere, dicen. No lloro por él (no conozco nada suyo que valga el MediodÃa de Leconte). No, no tengo simpatÃa alguna por este escritor sin ritmo, por este hombre de Estado sin iniciativa. A él debemos todos los aburrimientos azulados del lirismo tÃsico, y a él tenemos que agradecer el Imperio: es un hombre que va a los mediocres, y que los ama. Bouilhet le habÃa enviado Meltenis más o menos a la vez que uno de sus alumnos —suyos, de Bouilhet— le habÃa mandado una obra en verso detestable, estúpida (llena de faltas de prosodia), pero en alabanza del antedicho gran hombre, que contestó al mocoso con una carta espléndida, y ni palabra a Bouilhet. ¡Ya ves lo que hizo para tu número! Además, un hombre que compara a Fénelon con Homero, que no aprecia los versos de La Fontaine, es considerado hombre de letras. De Lamartine no quedará con que hacer medio tomo de obras sueltas. Es una mente eunuca, le faltan cojones, nunca ha meado otra cosa sino agua clara.