Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet A pesar de mi satisfacción ante el libro de Leconte, he vacilado en escribirle. ¡Sienta tan bien encontrar a alguien que ame el Arte y por el Arte! Pero he pensado: ¿para qué? Uno siempre se ve engañado por todos esos buenos impulsos. Además, no comparto enteramente sus ideas teóricas, aunque sean las mÃas, pero exageradas. Es como lo del tÃo Hugo; vacilé en escribirle a propósito de nada, por necesidad. Allá, me parece hermosÃsimo. Me habÃa puesto su dirección al final de su notita. ¿Era una manera de decir «escrÃbame, que me halagará»? Pero me acarrearÃa tanto estilo pomposo en señal de agradecimiento, que en tu carta me harás solamente el favor de decirle que estoy del todo a su disposición, etc., y que envÃe sus cartas a Londres. […]
Domingo, seis de la tarde [10 de abril de 1853].
[…] ¡Dios, como me fastidia mi Bovaryl A veces llego a la convicción de que es imposible escribir. Tengo que hacer un diálogo entre mi mujercita y un cura, diálogo chabacano y tosco, y como el fondo es vulgar, tanto más limpio ha de ser el lenguaje. Me faltan la idea y las palabras. No tengo más que el sentimiento. No obstante, Bouilhet pretende que mi plan es bueno, pero yo me siento aplastado. Después de cada párrafo, espero que el resto irá más aprisa, ¡y me llegan nuevos obstáculos! En fin, esto terminará un dÃa u otro. […]