Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet […] Me hablas de las tristezas del bueno de De Lisie, que no tiene a nadie a su alrededor. En eso, a mí el cielo me ha protegido, pues siempre he tenido buenas orejas para oírme, e incluso excelentes bocas para aconsejarme. ¿Cómo haré el invierno próximo, cuando mi Bouilhet ya no esté? Por lo demás, creo que él estará como yo, un poco desconcertado de momento. Nos hemos fabricado el uno para el otro, en nuestros respectivos trabajos, una especie de indicador de ferrocarril que, con el brazo extendido, advierte que el camino es bueno y se puede seguir.