Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet ¿De dónde vienen las melancolías históricas, las simpatías a través de los siglos, etc.? Enganche de moléculas que giran, dirían los epicúreos. Sí, pero las moléculas de mi cuerpo vivo no giran, y en fin, porque un imbécil tenga dos pies como yo, en vez de tener cuatro como un burro, no me creo obligado a quererle, o al menos, a decir que le quiero y que me interesa.
Hubo un tiempo en que el patriotismo se extendía a la ciudad. Después, el sentimiento, poco a poco, se ensanchó junto con el territorio (al revés que los pantalones: primero engorda el vientre). Ahora la idea de patria, a Dios gracias, ha muerto casi, y estamos en el socialismo, en el humanitarismo (si es lícito expresarse así). Creo que más tarde se reconocerá que el amor a la humanidad es algo tan pobre como el amor de Dios. Se amará lo justo en sí, por sí, lo Bello por lo bello. El colmo de la civilización será no necesitar ningún buen sentimiento, o lo que llaman así. Los sacrificios serán inútiles; sin embargo, ¡siempre harán falta unos pocos gendarmes! Estoy diciendo grandes tonterías, pero la única enseñanza que puede obtenerse, no obstante, del régimen actual (basado sobre la bonita frase vox populi, vox Dei) es que la idea del pueblo está tan gastada como la del rey. Que pongan juntas la bata del trabajador y la púrpura del monarca, y que me las tiren juntas a las letrinas para esconder allí conjuntamente sus manchas de sangre y de fango; están tiesas.