Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Adiós, ¡qué tarde es! Te beso por todas partes, con el corazón y el cuerpo, a ti, con quien me fundo y me confundo. Por eso firmo siempre con esta única palabra.
Tu
[Croisset] Medianoche del miércoles [1 de junio de 1853].
Acabo de escribir al gran hombre (la carta saldrá pasado mañana, a más tardar), lo que no era fácil a causa de la medida que quería yo mantener. Ha hecho demasiadas canalladas para que pueda yo expresarle una admiración sin reservas (sus aplausos a mediocridades, la Academia, su ambición política, etc.). Por otra parte, me ha causado tantas buenas horas de entusiasmo, me ha hecho tener tan buenas erecciones (si puede uno expresarse así), que me era muy difícil mantenerme justo entre la tiesura y la adulación. Creo, no obstante, haber sido a la vez educado y sincero (cosa infrecuente). […]
Llevo tres días haciendo dos correcciones que no quieren venir. ¡Todo el día del lunes, y el martes, ocupados buscando dos líneas! Releo a Montesquieu, acabo de repasar todo Candide; nada me asusta.