Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet ¿Por qué me dijo un frenólogo que yo estaba hecho para ser domador de fieras? ¿Y otro que debía magnetizar? ¿Por qué todos los locos y todos los cretinos me siguen, pegados a mis talones como perros (experiencia que he renovado varias veces), etc.? «No le ocurrirá a usted nada malo», me dijo el señor Jorche (intérprete del consulado) en la primera visita que le hice al llegar a Alejandría. «¿Por qué?» «Porque tiene usted el ojo oriental.» «¿Cómo?» «Sí, la mirada extraña, les gustan esas caras.»
Adiós a ti, que eres aficionada a los locos, los cretinos, las fieras y los árboles, y que me amas. Esa palabra, árabes, me hace pensar en el tesoro de las huríes.
Un beso. Vamos, reanímate. Me parece que estás muy sombría desde hace algún tiempo. Traza decididamente el plan de tu drama y envíamelo. Otros mil besos. […]
[Croisset] Lunes, doce y media de la noche [6-7 de junio de 1853].