Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Si el libro que estoy escribiendo con tanta dificultad llega a buen término, habré establecido, con el mero hecho de su ejecución, estas dos verdades, que para mí son axiomas, a saber: primero, que la poesía es puramente subjetiva, que no hay en literatura hermosos asuntos artísticos, y que Yvetot, por ende, vale tanto como Constantinopla; que, en consecuencia, puede escribirse cualquier cosa, es decir, lo que sea. El artista debe elevarlo todo; es como una bomba, tiene un gran tubo que desciende a las entrañas de las cosas, a las capas profundas. Aspira y hace brotar al sol, en surtidores gigantescos, lo que estaba plano, bajo tierra, y no se veía. […]
Me preguntas mi impresión sobre todas las historias de Edma y de Énault. ¿Qué quieres que te diga? Todo eso me parece profundamente ordinario y estúpido. Pero ¿no es la Sociedad el tejido infinito de todas esas pequeñeces, de esas triquiñuelas, de esas hipocresías, de esas miserias? La humanidad pulula así sobre el globo, como un sucio puñado de ladillas sobre un amplio pubis. Bonita comparación. Se la dedico a los señores de la Academia Francesa. Comuniqúese a los señores Guizot, Cousin, Montalembert, Villemain, Sainte-Beuve, etc.