Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Mi madre me aguardaba en la estación; lloró al verme regresar. Tú lloraste al verme partir. ¡Asà pues, nuestra desdicha es tal, que no podemos desplazarnos de un lugar sin que cueste lágrimas a ambos lados! Es de un grotesco sombrÃo. He reencontrado aquà el césped verde, los árboles altos y el agua corriendo como cuando partÃ. Mis libros están abiertos en el mismo sitio; nada ha cambiado. La naturaleza exterior nos avergüenza: es de una serenidad desoladora para nuestro orgullo. Es igual, no pensemos ni en el porvenir, ni en nosotros, ni en nada. Pensar es la manera de sufrir. Dejémonos llevar por el viento de nuestro corazón, mientras hinche la vela; que nos empuje como guste, y en cuanto a los escollos… ¡qué más da! Ya veremos.
