Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet ¡Tú no te volverás loca! ¡El tenÃa razón! Tienes la cabeza bien sentada, y creo que él, ese pobre chico, tiene más disposiciones que nosotros. La locura y la lujuria son dos cosas que he sondeado tanto, en las que he navegado tan bien por mi propia voluntad, que jamás seré (asà lo espero) ni un alienado, ni un marqués de Sade. Pero me pesa, desde luego. Mi enfermedad nerviosa fue la espuma de esas pequeñas gracias intelectuales. Cada ataque era como una especie de hemorragia del sistema nervioso. Eran pérdidas seminales de la facultad pintoresca del cerebro, cien mil imágenes saltando a la vez como fuegos artificiales. HabÃa un desgarramiento atroz del alma y del cuerpo (tengo la convicción de haber muerto varias veces). Pero lo que constituye la personalidad, el ser de razón, iba hasta el final; sin ello el sufrimiento habrÃa sido nulo, pues yo habrÃa estado puramente pasivo y siempre tenÃa consciencia, incluso cuando no podÃa hablar. Entonces el alma estaba replegada entera sobre ella misma, como un erizo que se hiciera daño con sus propias púas.