Cartas a Louise Colet

Cartas a Louise Colet

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[…] He estado muy en forma esta semana. He escrito ocho páginas que, creo, están todas más o menos terminadas. Esta noche acabo de esbozar toda mi gran escena de los Comicios agrícolas. Será enorme; tendrá fácil cuarenta páginas. En el relato de esta fiesta rústico-municipal, y entre sus detalles (donde aparecen todos los personajes secundarios del libro, hablan y actúan), tengo que proseguir, y en primer plano, el diálogo continuo de un señor calentando a una dama. Además tengo, en medio, el discurso solemne de un diputado provincial, y al final (completamente terminado), un artículo de periódico escrito por mi farmacéutico, que da cuenta de la fiesta en buen estilo filosófico, poético y progresista. Ya ves que no es tarea pequeña. Estoy seguro del color y de muchos efectos; pero para que todo esto no resulte demasiado largo, ¡es endiablado! Y sin embargo, son de esas cosas que han de ser abundantes y llenas. Una vez dado este paso, llegaré rápidamente a mi jodienda en los bosques, en época de otoño (con sus caballos al lado, mordisqueando hojas), y entonces creo que veré claro, y que habré pasado al menos Caribdis, aunque me quede Escila. Cuando haya regresado de París iré a Trouville. Mi madre quiere ir, y yo la sigo. En el fondo no me molesta: ver un poco de agua salada me sentará bien. Hace ya dos años que no he tomado el aire y visto el campo (de no ser contigo, cuando nuestro paseo en Vétheuil). Me tumbaré a gusto en la arena, como antes. Hace siete años que no he estado en esa parte. Tengo de ella recuerdos profundos: ¡qué melancolías, qué ensueños y qué vasos de ron! No me llevaré a la Bovary, pero pensaré en ella; rumiaré esos dos largos fragmentos de los que te hablo, sin escribir. No perderé el tiempo. Montaré a caballo en la playa; ¡tantas veces tengo ganas de hacerlo! Tengo un montón de pequeños caprichos, como ése, de los que me privo; pero hay que privarse de todo cuando uno quiere hacer algo. ¡Ay, qué vicios tendría si no escribiese! La pipa y la pluma son las dos salvaguardias de mi moralidad, virtud que se disuelve en humo por los dos tubos. Venga, adiós, otra carta más a mitad de la semana próxima, al final una no tita, ¡¡¡y luego…!!!


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