Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Creo que me estoy robusteciendo en filosofía, pues este espectáculo me habría afligido hace algún tiempo. A lo mejor es porque aún no me he encontrado lo bastante solo. ¿O será porque tu impresión es aún demasiado fuerte? Estoy lleno de ti. Mi ropa blanca despide tu olor. El recuerdo de tu persona semidesnuda, con un candelabro en la mano y abrazándome en el pasillo, me persiguió ayer durante todo el día a través de mis otros recuerdos, que echaban a volar desde todas las matas del camino, al balanceo de la diligencia. En el tren me encontré a Bouilhet. Almorzamos y cenamos juntos en Croisset. Nos acostamos temprano; yo me caía de sueño. Nos despedimos ayer a las once de la mañana. ¿Qué hiciste todo el día, mientras yo miraba el trigo que segaban, y el polvo, y los árboles verdes? ¿Cómo pasaste el domingo? Querría escribirte una carta buena y larga, pero tengo mucho sueño, aunque no son las diez. He traído aquí algunos libros que leeré poco, y mis guiones de la Bovary, en los que trabajaré mediocremente. Voy a comer, a fumar, a bostezar al sol, y sobre todo a dormir. A veces tengo grandes necesidades de sueño durante varios días, y prefiero un barbecho completo que media labranza. […]
[Trouville] Domingo 14, a las cuatro [14 de agosto de 1853].