Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Cae la lluvia, las velas de las barcas bajo mis ventanas son negras, pasan aldeanas con paraguas, gritan los marinos, ¡y me aburro! Me parece que hace diez años que te dejé. Mi existencia, como un pantano dormido, es tan tranquila, que el menor acontecimiento que cae en él provoca círculos incontables, y la superficie, como el fondo, tarda mucho en recobrar su serenidad. Los recuerdos que encuentro aquí a cada paso son como piedras que ruedan sobre una pendiente suave hacia una gran sima de amargura que llevo en mí. El fango se remueve; melancolías de todas clases, como sapos interrumpidos en su sueño, sacan la cabeza del agua y forman una extraña música; escucho. ¡Ah, qué viejo soy, qué viejo soy, pobre y querida Louise!