Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Esta es la raza común de la gente que está a la cabeza de la Sociedad. ¡En qué lodazal chapoteamos! ¡Qué nivel! ¡Qué anarquía! La mediocridad se cubre de inteligencia. Hay recetas para todo, mobiliarios deliberados y que dicen: «Mi dueño ama las artes. Aquí tenemos un alma sensible. ¡Está usted en casa de un hombre serio!». ¡Qué discursos! ¡Qué lenguaje! ¡Qué vulgaridad! ¿Dónde ir a vivir, misericordia divina? San Policarpo acostumbraba a repetir, tapándose los oídos y escapando del lugar en que se hallaba: «¡En qué siglo me has hecho nacer, Dios mío!». Me estoy volviendo como San Policarpo.
La estupidez de cuanto me rodea se añade a la tristeza de mi sueño. Poca alegría, en suma. Necesito estar de regreso en casa, y reanudar la Bovary con furia. No puedo pensar en ella; aquí, todo trabajo me es imposible.
Releo mucho a Rabelais; fumo considerablemente. ¡Qué hombre ese Rabelais! Cada día descubrimos en él cosas nuevas. Adquiere ya, pobre Musa, el hábito de leer todos los días un clásico. Si te predico eso incesantemente, querida amiga, es porque creo saludable esa higiene.