Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Aquà me he resumido mucho, y ésta es la conclusión de esas cuatro semanas de holganza: adiós, es decir, adiós y para siempre a lo personal, a lo Ãntimo, a lo relativo. Mi viejo proyecto de escribir más adelante mis Memorias me ha abandonado. Nada de lo tocante a mi persona me tienta. Los afectos de la juventud (por hermosos que pueda volverlos la perspectiva del recuerdo, e incluso entrevistos de antemano bajo los fuegos de Bengala del estilo) ya no me parecen bellos. ¡Quede muerto todo eso, y que nada resucite! ¿Para qué? Un hombre no vale más que una pulga. Nuestras alegrÃas, como nuestros dolores, han de absorberse en nuestra obra. En las nubes no se reconocen las gotas de agua del rocÃo que el sol eleva hasta allÃ. Evaporaos, lluvia terrestre, lágrimas de los dÃas de antaño, y formad en los cielos gigantescas volutas, todas penetradas de sol.
Ahora estoy devorado por una necesidad de metamorfosis. QuerrÃa escribir todo lo que veo no tal como es, sino transfigurado. La narración exacta del hecho real más magnÃfico me resultarÃa imposible. Aún tendrÃa que bordarlo.