Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet En tiempos de Luis XIV, la literatura tenía las medias bien tensadas; eran de color pardo. Se veía la pantorrilla. Los zapatos eran de punta cuadrada (La Bruyère, Boileau), y había también algunas botas fuertes a la amazona, calzado robusto de corte grandioso (Bossuet, Molière). Luego se arregla el extremo del pie en punta, literatura de la Regencia (Gil Blas). Se economiza el cuero, y la forma o la horma (¡qué chiste!) se lleva a tal exageración de antinaturalismo, que casi se llega a China (salvo la fantasía, por lo menos). Es empalagoso, ligero, afectado. El tacón es tan alto que falta el equilibrio; ya no hay base. Y por otra parte, se rellena la pantorrilla, llenado filosófico flaccido (Raynal, Marmontel, etc.). Lo académico expulsa a lo poético; reinado de las hebillas (pontificado de Monseñor de La Harpe). Y ahora estamos entregados a la anarquía de los zapateros remendones. Hemos tenido las canilleras, los mocasines y los zapatos de punta retorcida. Oigo en las pesadas frases de los señores Pitre-Chevalier y Émile Souvestre, bretones, el ruido abrumador de los zuecos célticos. Béranger ha desgastado hasta el cordón la botina de la modistilla y Eugène Sue muestra exageradamente las innobles bocas de tacones comidos del asesino. Uno huele a grasa quemada y el otro a cloaca. Hay manchas de sebo en las frases del uno, y regueros de mierda a lo largo del estilo del otro. Han ido a buscar novedades al extranjero, pero esas novedades son viejas (trabajamos con lo viejo). Fracaso de las requetebotas a la rusa y de las literaturas laponas, valacas y noruegas (Ampère, Marmier y otras curiosidades de la Revue des Deux Mondes). Sainte-Beuve recoge los trapos más nulos, remienda estos harapos, desdeña lo conocido y, añadiendo hilo y cola, sigue con su pequeño comercio (renacer de los tacones rojos, estilo Pompadour y Arsène Houssaye, etc.). Así que hay que tirar al agua toda esta basura, volver a las botas fuertes o a los pies descalzos y sobre todo cortar aquí mi digresión de zapatero. ¿De dónde diablos procede? De un horrible vaso de ron que he tomado esta tarde, sin duda. Buenas noches.