Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet [Croisset] Viernes 2 de septiembre, nueve de la noche.
Hemos regresado un día antes. Como no había vapor de El Havre a Ruán el día tres, hemos dormido esta noche en Honfleur. Para las seis ha habido que levantarse, y a las doce y media estábamos en casa.
Vuelvo a encontrarme en mi mesa, no sin cierto placer, aunque estuve muy triste en Trouville, la víspera de mi partida. Me parecía (y con razón, creo) que había estado mediocre, que no había olido, mirado, aspirado bastante. La mar, ese día, estaba más hermosa aún, toda azul, y el cielo también. ¡En fin!
He ordenado mis cosas con esa actividad de salvaje que me distingue. Todo, durante mi ausencia, había sido cepillado, encerado, barnizado (hasta mis pies de momia, que mi criado ha creído conveniente enlucir con goma). Y confieso que he reencontrado mi alfombra, mi gran sillón y mi diván con deleite. Mi lámpara arde, ahí están mis plumas. Así empieza de nuevo otra serie de días semejantes a los demás días. Así van a empezar de nuevo las mismas melancolías y los mismos entusiasmos aislados. […]