Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Duerme, pues, en paz. Primero, en lo que a mà respecta. Convéncete de que eres y serás el mejor y más completo afecto femenino que he tenido. Pero estoy desgastado por treinta y seis lados, y hay que compadecer un poco a mis manÃas, mi educación y mis nervios. El año que viene, aunque no estuviera terminada la Bovary, iré. Buscaré alojamiento. Me quedaré al menos cuatro meses seguidos cada año. Y de vez en cuando, el resto del año, iré a ParÃs con más frecuencia de la que he solido siempre. De aquà a entonces, iré como te he prometido, cada dos meses. En cuanto a tu trabajo, harÃas cosas bellas, muy bellas, y triunfarás materialmente si estás dispuesta a ceñirte a tus temas, a hacer un plan. Si ofreces al público las cosas que pueda aceptar. No te digo que te pongas a remolque suyo. Pero en nuestra querida Francia uno debe disfrazar su fuerza. Y la tuya es fanfarrona. Tu Sirvienta hará que te persigan, te encarcelen, y quizá que las actrices te maten.
Aunque esta carta no sea larga, te pido, por tu amor hacia ti misma, que medites cada lÃnea. Está preñada de verdades. No te irrites. Las dulzuras que habrÃa podido decirte habrÃan contenido menos ternura.
Esta tarde he tenido un acontecimiento ridÃculo. El fuego ha estado a punto de quemar la casa. He ayudado a acarrear baldes de agua para una chimenea que ardÃa. ¡Qué cuadro! […]